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San Fernando se tiñe de granate y celeste.
CH 1972 0 – 2 Club de Hockey Montequinto · 4 de octubre de 2026, 13:00 h · Campo Municipal de Hockey Pablo Negre, San Fernando (Cádiz)
Buenas tardes a todos los que nos seguís desde Montequinto, desde Dos Hermanas y desde cualquier rincón donde lata un corazón granate y celeste.
Hoy tocaba estrenar liga. Primera jornada de la temporada 2026–2027, primera salida del año y un rival, el CH 1972, esperando en su casa de San Fernando, en el Pablo Negre, bajo un mediodía gaditano que invitaba al hockey.
Y Montequinto volvió a demostrar algo que va mucho más allá de un resultado: cuando este equipo juega unido, no hay cansancio, dificultad ni adversidad que pueda con él.
Un equipo que sabía lo que tenía que hacer
Vito salió con un planteamiento valiente, un 1-3-1-3-3, buscando dominar el centro del campo y tener una salida limpia desde atrás.
Bajo palos, Jorge. En defensa, Antonio, Nayra y Ana. Por delante, Migué como pivote defensivo. En la medular, Fran, Rayco y Fati. Y arriba, Vane, Nico y Cristo.
Y había un detalle que hacía todavía más meritoria la empresa: Montequinto afrontaba el encuentro prácticamente sin banquillo, con únicamente un jugador de refresco.
David fue ese jugador. Entró y salió del terreno de juego durante toda la tarde, alternándose con Vane y Cristo para dar descanso a las piernas cuando el partido lo permitía.
Eso obligaba a todos a realizar un esfuerzo enorme. Y vaya si lo hicieron.
Primer cuarto: tanteo, nervios y resistencia
El partido comenzó con ese pulso propio de un estreno liguero. Nadie quería cometer errores y el CH 1972 propuso un juego pausado y de control.
El conjunto local llegó a inquietar en dos ocasiones mediante dos penalti corners, poniendo a prueba a la defensa granate y celeste.
Pero ahí aparecieron Antonio, Nayra, Ana y Jorge.
Firmes. Concentrados. Sin conceder.
Montequinto supo resistir y, además, respondió generando tres ocasiones claras que pudieron haber significado el primer gol de la tarde. El marcador seguía 0-0, pero las sensaciones comenzaban a ser positivas. Un choque fortuito entre dos jugadores del propio CH 1972 provocó además un parón que cortó el ritmo del encuentro.


Segundo cuarto: trabajo, concentración y 0-0 al descanso
El guion no cambió demasiado hasta el descanso. Intensidad, respeto mutuo y mucha concentración. El marcador permanecía intacto, pero Montequinto comenzaba a sentirse cada vez más cómodo sobre el campo gaditano.
Y mientras el reloj avanzaba, había algo que empezaba a quedar claro: este equipo había viajado a San Fernando dispuesto a competir hasta el último segundo.
La hora de la verdad: esta vez, el fantasma no apareció
Llegaba uno de los momentos importantes del partido. Durante la temporada 2025–2026, el tercer cuarto había sido uno de los periodos en los que más goles había encajado Montequinto. Todos lo sabían. Todos lo habían hablado.
Y precisamente por eso, lo ocurrido a partir del minuto 35 tuvo un valor especial. Montequinto no se vino abajo. Al contrario: apretó. La concentración fue máxima, la defensa no concedió fisuras y todo el equipo comenzó a subir la intensidad.
Hasta que llegó el premio. Una jugada embarullada cerca del área del CH 1972 dejó un rechace suelto en el área pequeña. Y allí apareció Cristo. Instinto, rapidez, oportunidad: controló y envió la bola al fondo de la portería.
0-1. Montequinto se adelantaba por primera vez en la tarde, y lo hacía precisamente en ese tercer cuarto que tanto había costado en el pasado. Los fantasmas quedaban atrás.
Cuarto cuarto: esfuerzo hasta el último minuto
Con el 0-1 en el marcador, quedaba lo más difícil: mantener la ventaja. Cada posesión comenzó a valer el doble, cada carrera exigía un esfuerzo enorme, y cada jugador tuvo que sacar fuerzas de donde ya parecía que no quedaban. Porque jugar prácticamente todo el partido con un único jugador de cambio convierte cada minuto en un desafío físico.
Pero este equipo no dejó de correr. No dejó de luchar. No dejó de ayudarse.
Vito y Mari, claves desde fuera del campo
La labor de Vito y Mari fue fundamental durante todo el encuentro. Su estrategia, sus indicaciones, sus palabras de ánimo y su capacidad para leer lo que estaba sucediendo sobre el terreno de juego ayudaron al equipo a mantener la calma en los momentos más exigentes.
Y, especialmente, las sustituciones fueron importantes. Con una plantilla tan corta y con un único jugador de refresco, había que administrar muy bien los esfuerzos. Los cambios aportaron frescura, sentido, inteligencia y equilibrio, permitiendo que el equipo pudiera seguir compitiendo con intensidad hasta el final.
Desde fuera se veía el cansancio. Pero también se veía algo todavía más importante: la confianza.
El segundo golpe: Cristo sentencia el partido
A falta de seis minutos para el final llegó la jugada definitiva. Montequinto consiguió robar la bola bajo la presión del CH 1972. Migué levantó la cabeza y, con la serenidad que exigía el momento, lanzó un pase largo buscando a un único destinatario: Cristo.




La bola llegó a su stick y se encontró completamente solo ante el portero. Mano a mano. Sin espacio para dudar, sin tiempo para pensar demasiado. Cristo volvió a demostrar la sangre fría que había mostrado minutos antes: amagó con el stick hacia un lado y lanzó la bola hacia el contrario. El portero se estiró, pero no pudo llegar.
0-2. Gol. Partido prácticamente sentenciado. Y una celebración que resumía perfectamente el espíritu de aquella tarde: Cristo lo celebró junto a David, quien había estado entrando y saliendo del campo durante todo el encuentro para dar descanso a sus compañeros.
Ese gol también era suyo. Como lo era de Jorge, de Antonio, de Nayra, de Ana, de Migué, de Fran, de Rayco, de Fati, de Vane, de Nico, de Cristo, de David, de Vito, de Mari — y de todos los que habían viajado hasta San Fernando.
Una victoria de todo Montequinto
El pitido final confirmó el 0-2. Tres puntos. Primera jornada. Primera victoria. Y además, fuera de casa.
Pero este resultado tiene un valor especial, porque no fue solamente una victoria conseguida gracias a dos goles. Fue una victoria conseguida gracias al esfuerzo colectivo. Un equipo que tuvo que correr muchísimo, que tuvo que administrar sus fuerzas, que prácticamente no tuvo banquillo, que tuvo que sufrir — y que, aun así, nunca dejó de creer.
Cada jugador aportó lo que tenía. Unos, kilómetros. Otros, defensa, presión, experiencia, velocidad, tranquilidad, goles. Pero todos aportaron algo imprescindible: compromiso.
Y detrás del equipo, una afición espectacular
Y si hubo algo que tampoco pasó desapercibido en el Pablo Negre fue la presencia de la afición de Montequinto. Nuestros seguidores estuvieron allí, y estuvieron de verdad. No dejaron de animar ni un solo instante, en los momentos buenos y en los de sufrimiento: cuando llegó el 0-1, cuando hubo que defender, cuando las piernas empezaban a pesar, y cuando llegó el definitivo 0-2.
Porque Montequinto no es solamente un equipo que sale al campo. Montequinto es un equipo respaldado por una familia que anima, que acompaña, que cree y que celebra junta.
Una victoria de jugadores, entrenadores y afición
Este 0-2 pertenece a todo Montequinto. Pertenece a los jugadores que se dejaron las piernas sobre el césped. Pertenece a Vito y Mari, por su estrategia, sus indicaciones, sus cambios y su capacidad para mantener al equipo concentrado. Pertenece a David, por asumir el enorme esfuerzo de ser el único jugador de refresco. Pertenece a Cristo, por sus dos goles. Pertenece a Jorge, que mantuvo la portería a cero. Pertenece a Antonio, Nayra y Ana, por el trabajo defensivo. Pertenece a Migué, Fran, Rayco y Fati, por el equilibrio en la medular. Pertenece a Vane y Nico, por el trabajo ofensivo. Y pertenece, de manera muy especial, a esa afición granate y celeste que nunca dejó de animar desde la grada.
Porque cuando un equipo tiene que afrontar un partido con un único cambio, necesita algo más que piernas. Necesita cabeza, corazón, compañerismo, y una afición que empuje. Montequinto tuvo todo eso.
Crack del partido
Cristo
Llegaba a este primer partido de la temporada todavía tocado, arrastrando molestias de una lesión reciente. Y aun así, firmó un doblete decisivo: el primero, aprovechando con puro instinto un rechace; el segundo, demostrando sangre fría en un mano a mano. Dos goles, tres puntos. Pero sería injusto que el protagonismo de esta victoria recayera únicamente sobre él, porque Cristo marcó los goles, pero el equipo construyó la victoria.
El pitido final y la clasificación
Tres puntos que saben a mucho más que tres puntos: es la primera victoria de la temporada y además a domicilio, en un campo complicado y ante un rival que lo puso difícil en el primer cuarto.
Montequinto se coloca segundo en la clasificación general, a la misma altura de puntos que el líder, con la Universidad de Sevilla descansando en esta primera jornada. Un arranque que invita a soñar, sin perder los pies del suelo: queda liga, y mucha, por delante.
| Pos. | Equipo | Pts. |
|---|---|---|
| 1 | Club Hockey San Fernando | 3 |
| 2 | Club de Hockey Montequinto | 3 |
| 3 | CH 1972 | 0 |
| 4 | Club Hockey Chiclana | 0 |
| 5 | Universidad de Sevilla (SADUS) | 0 |
Fuente: clasificación oficial de la Jornada 1, publicada por la organización del campeonato.
Jornada 1 · Temporada 2026–2027
Cuando Montequinto juega unido, juega mucho más que once.
Jugadores, entrenadores y afición. Todos empujando en la misma dirección. Con un solo cambio, Montequinto supo sufrir, competir, correr y luchar hasta el último minuto para llevarse de San Fernando tres puntos que valen mucho más que una victoria.
¡ENHORABUENA, MONTEQUINTO!
Jugadores, Vito, Mari y afición: esta victoria es vuestra.
La próxima cita, en el calendario.
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